Dicen que el cuerpo no sabe diferenciar entre la realidad o la fantasía, eso puede llegar a ser una emoción peligrosa, porque a veces estás a solo un paso de equivocarte o ahogarte en el deseo. Yo nunca imaginé que esa línea tan delgada sería la que me haría perder el control. No podía decidir qué era peor: fingir que nos amabamos... o descubrir que quizás nunca fue mentira en absoluto.
Plus d’Infos