Después de que Melibea dejase a sus compañeros de orden en su última aventura, los pasos tranquilos de Bellatrix la conducen hasta un pequeño asentamiento que lleva por nombre el de Lados. Escapando del amor del joven Isábal (Ixabal en lengua originaria) y habiendo visitado a una adivina para que le procurase consuelo, sus pasos acaban dando con un extraño jirón de ropa que el viento zarandea delante de sus ojos y que llama su atención. En el fondo de la barranca, allí donde serpentea el río, descubre el maltrecho cuerpo de una mujer. Es tarde y no encuentra paso por el que bajar, así que pide ayuda en el pueblo. Aquí es donde sale a su encuentro el Diablo, que tiene forma humana. Se presenta en forma de monje y enseguida la ayuda. Ambos acuden a la casa del corregidor, que también ejerce de sacerdote en aquellas tierras. El corregidor resulta ser un hombre misterioso, pero claramente recto en su fe, de carácter cortante, carente de misericordia e implacable en su lucha contra el paganismo y contra quienes adoran la figura de Satanás. Melibea sólo desea saber qué ha ocurrido con la pobre mujer encontrada muerta en el río, ignorando que con sus pesquisas iniciará una lucha de poder entre las Tinieblas y el Cielo.
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