Los sentimientos no son cosas fijas. Cambian, se deforman, se contradicen. Y a veces lo hacen por culpa de una sola persona.
Para Fran, Iván siempre había sido fácil de etiquetar: molesto, egocéntrico, creído. Un cúmulo de prejuicios construidos sin haber cruzado nunca una conversación real. Así fue durante años, hasta que un simple detalle lo alteró todo: verse obligados a trabajar juntos.
Un día bastó para que Fran empezara a dudar de sus propias certezas. Para que esa imagen tan clara que tenía de Iván comenzara a resquebrajarse. Y con la duda llegó algo peor: la curiosidad.
Porque ahora Fran quiere acercarse. Quiere entender. Quiere descubrir si Iván es realmente todo lo que creyó... O si, en realidad, asumió lo peor sin saber nada.
"Y una vez que empezó a preguntarse eso, ya no hubo forma de volver atrás."
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