Al carajo la edad. Él no está enamorado: está poseído. Ella vive en su cabeza como un rezo blasfemo. Cada minuto lo pasa trazando formas de grabarse en su piel, en su mente, en su destino. Hacerla suya no es deseo. Es propósito. Ella lo conoció como tutor. Cuando el disfraz cayó y vio al asesino a sueldo detrás de la sonrisa, el terror la dejó sin aire. Pero el corazón es traidor. Y aun temblando, aun sabiendo que sus manos matan por dinero, lo quiere. O lo necesita. O ya no distingue la diferencia. Para el mundo, ella es temporal: una estudiante de intercambio con los días contados. Para él es eterna. Es suya. Ella corre porque ya no se siente segura con él. Porque sabe que él es una sentencia. Sabe que basta una mirada, una palabra, un suspiro dirigido a ella para que ese alguien desaparezca. Él no amenaza. Él cumple. "Mi amor", le murmura contra el cuello cuando ella llora, "esto es amor. El que protege matando. Mato para vaciarte el mundo, para que solo quede mi voz haciendo eco en tu cabeza. Nadie merece tocar lo que consagré. Solo yo. Solo mis manos sucias pueden cargar algo tan limpio." No soporta verla llorar... a menos que esas lágrimas sean por él. "Ven. Déjame beberme tu miedo. Quédate inmóvil donde te coloco. Bésame como si te salvara la vida, porque lo hace. No te alejes. Te lo suplico ahora. En tres segundos te lo voy a ordenar." Los celos son su liturgia. "¿Con quién hablaste? ¿Cuánto aire compartieron? ¿Te gustó su voz? Dímelo y decidiré si mañana respira." Ella retrocede y él disfruta la cacería. Porque en su evangelio torcido, ella ya está marcada: _Me pertenece_. "Perdón por golpearte", dice con miedo a perderla para siempre. "No me temas", exige mientras su sombra se hace más grande. "No llores", ruega como si eso bastara. Si alguien osa sonreírle, él sonríe de vuelta... y planea un funeral. *Nadie te tendrá. ¿Me escuchaste, mi vida? Nadie. TÚ. ERES. MÍA. Y lo qu
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