Todo era extraño en el, desde su postura, hasta sus intimidantes ojos. Solía atraerme la forma en la que me miraba, como si yo no pudiera llegar a estar a su altura. Cuando hacíamos contacto físico me gruñía, se enojaba, pero no lo demostraba. Desaparecía, sin dejar rastro. Y nadie se preocupaba en decirle lo maleducado que llegaba a ser. Si me miraba, era con odio. Si me tocaba, era accidentalmente. Si me hablaba, quería algo.
El escritor Francés, Marcel Proust, decía: "El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir". Así que tengo una pregunta para ti, ¿Me harás sufrir, Anton?
-Tienes una hermosa mirada. -dije mirando fijamente sus ojos - es como si pudieran ver dentro de ti, quitarte la máscara que llevas y mirar directamente dentro de tu alma.
-A mi me encanta tu sonrisa, cada vez que sonríes siento que algo se rompe dentro de mi, y que al mismo tiempo todo se arregla... es como si estuviéramos destinados.
-Tal vez lo estemos... seria mi mayor deseo -dije en un susurro.
-Ese es el mio.- dijo levantando mi cara.
-No se como puedes estar conmigo. -aparte la mirada
-Porque te amo.
-Yo también te amo...