Robin, una adicta empedernida a la cafeína que ya no esperaba nada de la vida. Después de ser maltratada por el destino había dejado de buscar, había decidido terminar con sus esperanzas, había dejado de soñar. Al menos hasta que apareció Victoria en su vida. Victoria, brillante e intrigante, con sus ojos tan hermosos cómo las estrellas, con su risa tan cálida cómo el primer sorbo de café en las mañanas. Su presencia era un abrazo a lo invisible, a lo que parecía imperceptible. Ella buscaba algo, algo que no sabía describir hasta que encontró a Robin. Dos almas opuestas. Cómo imanes que estaban destinados a encontrarse en lo que parecía ser el momento perfecto. Estaban destinadas a permanecer unidas en esta vida y quizá también en la siguiente. Al menos así hubiera sido si aquel terrible problema no las hubiera llevado a cortar esa vida juntas que apenas comenzaba a florecer.
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