
El frío de mis lágrimas recorrían mis mejillas enrojecidas, mis ojos cristalinos solo podían observar aquel bello cielo repleto de colores rojizos. Pero aquella vista había logrado enrojecer mi rostro pero, no solo por su atractivo color o su increíble forma de envolverme en una tranquilidad absoluta. Aquella vista me recordaba a el; al color de sus labios al exponerse al frío y a aquella calidez de su cuerpo al abrazarme con fuerza. Sin duda, marco mi vida con firmeza como si reclamará cada situación en ella como suya. Ahora soy toda tuya, dónde quiera que estés.All Rights Reserved