Ser humillado y despreciado era su día a día. Siempre que podían, se encargaban de recordarle que no valía nada... Que por ser un omega gordito y feo, nadie jamás lo querría. Y él lo creía, o al menos eso pensaba, hasta que se cruzó con uno de los hombres más ricos del mundo: el CEO Izuku Midoriya. Uno de los alfas más codiciados de Japón, que con solo chasquear los dedos tendría filas de omegas, betas e incluso alfas detrás de él, para elegir, mínimo uno al día. Pero Bakugou solo tenía un pensamiento en su linda cabecita: ¿QUÉ HACE ESE MONUMENTO DE ALFA BESANDO MIS PIES CON TAL DE COMPLACERME? Para él y para la mayoría, un omega debía ser esbelto, hermoso y delicado... Pfff, pura basura. Y él lo demostraba cada vez que saltaba sobre esa enorme y gorda polla.
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