Ella llegó con las flores bailando entre sus ondas y con los pétalos acariciando el viento, tan resplandeciente como una estrella fugaz y cálida como el ocaso. Ella tiene la valentía explotando en cada una de sus neuronas, junto a la fortaleza que se palpa en el aire, la confianza que brota en su piel y la convicción que brilla en su mirada como perlas de mar. Ella está rota como el cristal del cielo. Y él la rescató con sus orbes de lava ardiendo.
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