- ¡Espera, espera, espera ! - arrebató los bordes de las sabanas blancas que estaban siendo levantadas por las masculinas manos de Dalton, casi dejando sus piernas desnudas al descubierto.
Ocho hombres frente a su cama , todos con trajes caros nítidos, pero ninguno como el que la dirigía la palabra.
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