Lucinda fue bendecida con una gran intuición, la cual le ayudó a enfrentar los problemas que arrastraban ser lo que era: una bruja. Sin embargo, nunca esperó tener un sentimiento de alejarse de su aquelarre, para así emprender un viaje a un pueblo casi olvidado y que nunca veía el sol.
Sin embargo, nadie dijo que las dificultades de ser inmortal disminuirían con el tiempo.
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