Recuerdo cuando daba mis primeros pasos en la fé, tenía tanto miedo a orar, me daba vergüenza incluso por los hermanos que ya llevaban tiempo y tenían más experiencia. No sabía cómo expresarle a Dios lo que pasaba por mi cabeza sin sentirme incómoda, no era Él, era yo. Hasta que un día encontré el método para lograr comunicarme con él, y comenzó con un pequeño papel desgastado y un bolígrafo viejo, las lágrimas corrían por mis mejillas y su abrazo me reconfortaba, ¡Había logrado decirle lo que me pasaba por la mente! Era diferente, pero era nuestro propio método de comunicación, éramos Jesús y yo. Hoy día sigo escribiendole cartas, algunas recogen anhelos, otras guardan personas en sus letras, otras revelan un corazón quebrantado, pero todas ellas tienen el mismo destinatario, ese que me espera siempre con ansias y nunca las deja sin respuesta.
Este espacio es para tí, para que puedas encontrar en él un fragmento del maestro, y puedas percibir cómo la comunicación con Dios no tiene que ser "perfecta" a veces todo puede comenzar con un pequeño: "Querido Jesús"
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