-¿Por qué me defendiste?
-¿Por qué no lo haría?
-Tú sabes por qué.
-No, no lo sé y no me importa, Eddie.
-No quiero tu lástima.
Lo miré a los ojos, pero él no me miraba, estaba más interesado en la humedad del techo y las tela de arañas, no había enojo en su mirada, ni desagrado, solo dolor, cansancio y duda.
-Y no la tienes-hablé suavecito-. No tienes mi lástima, lo prometo. Solo no me gustan las injusticias. Eso es todo-dije suplicante, necesitaba salir de esa conversación.
-Está bien-su voz salió ronca-. Gracias, supongo.
Me miró a los ojos directamente por primera vez y sentí como mi corazón se encogía en mi pecho, tiene los ojos más lindos del mundo y no hay discusión al respecto, es doloroso verlos sin ese brillo característico, verlos tan tristes y desolados, él no estaba hecho para estar triste, él se merecía brillar y ser feliz, no esta mierda, no este pueblo.
Abrió su boca como para decir algo más pero al final solo asintió levemente y se fue del salón de clase sin decir una palabra, sentí que volví a respirar luego de minutos eternos de estar contiendiendo el aire, tenía una tormenta en mi interior.
Van a ser meses muy complicados, de eso no hay duda. Solo espero sobrevivir paz.
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