Genevieve, a pesar de ser optimista , alegre y carismática, siempre ha pensado que ser adulta es una mierda, lo confirma cuando después de haber tenido un empleo exitoso, queda desempleada, con deudas que pagar, un padre enfermo y una madre ama de casa. El restaurante en la que termina trabajando no ayuda mucho, las propinas son malas y el sueldo no alcanza, es por eso que cuando el anuncio de app de sexting aparece en su celular mientras vaga por las redes, ella no duda en buscar información y antes de que pueda pensarlo, termina siendo contratada.
Jagger por otro lado es todo lo contrario a ella, serio, centrado y adinerado, con un trabajo de años como director ejecutivo en una empresa que lleva años bajo su apellido. Su vida no es tan tranquila, su tiempo tiene que dividirlo entre dirigir su trabajo y ser padre soltero de dos niños que no hacen más que sacarlo de sus casillas, el estrés es demasiado y la frustración lo es más, por eso, la sugerencia de uno de sus amigos acerca de una aplicación de sexting, no suena tan descabellada. No es algo que él haría, pero joder, no mentirá diciendo esa chica con la que habla ciertas noches no lo hace sentir algo distinto.
Por cosas de la vida, Genevieve termina cuidando de un par de niños mientras comparte mensajes candentes con quien ahora es su jefe y ninguno de los dos sabe quien es realmente el otro. El problema empieza cuando la tensión se acumula, las sospechas crecen y las ganas desaparecen. Ahora, solo les queda descubrir si quieren saber que sienten el uno por el otro, si es mutuo, si ambos lo quieren y si realmente todo es... inefable.
Por favor recuerden que esto es un borrador, por lo que se pueden encontrar faltas de ortografía y gramática.
A pesar de que lo acusen de perro soltero intratable y de ser el hijo consentido de su padre en el trabajo, Jiang Cheng pasa sus días sin preocupaciones al respecto.
¿Pareja? ¿Para qué quiere una? Tiene tantos juguetes a su disposición como agenda libre.
¿Dinero? El sueldo de la empresa de su padre le da para vivir sin problemas, pero no para cumplir todas sus aspiraciones. Sino a santo de qué se asocia con su hermano para abrir un negocio.
¿Aficiones? Oh... más de una. Pero nadie necesita saberlas. Mejor que sigan pensando que es un sádico amargado que no sabe divertirse sino torturando al resto de departamentos con las cifras.
Y en algo no se equivocan, algo sádico sí que es, pero eso es sólo una pequeña parte de la diversión.
¿Problemas de exceso de control? Por supuesto que no. Todavía no ha sacado a Zidian para golpear a cada uno de los idiotas con los que tiene que tratar a diario. Y por falta de ganas no es.
¿Adicto al trabajo? No especialmente, salvo a su segundo trabajo. Ese si le gusta. Es el único motivo por el que realmente decidió ayudar a WuXian con su negocio de mierda.
Porque fuera de pasarse el día entre contratos, porcentajes y cálculos, Jiang Cheng sólo tiene que coger su látigo para sentirse a gusto. Los juguetes llegan por si solos reclamando atención. Lo único que tiene que hacer es sentarse y esperar a que laman sus zapatos.
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Completamente +18. Avisos al final del prólogo. Si no estáis a gusto, huid.