--- Su mirada lo devoraba en silencio, como si cada gesto, cada respiro, le perteneciera por derecho. No era amor, era hambre. Una necesidad insaciable de poseerlo, de arrancarlo del mundo y encerrarlo solo para sí. El deseo lo quemaba hasta la locura, mezclando ternura y violencia en una misma pulsación. No soportaba verlo sonreír con otros, no toleraba que alguien más tocara lo que ya consideraba suyo. Era una adicción oscura: no quererlo, sino necesitarlo; no amarlo, sino consumirlo. Y en el fondo, lo sabía... aquello no era cariño, era una condena disfrazada de pasión. ---
More details