¿Y qué queda para nosotros, tristes héroes sin epopeya, que aún en éste siglo maldito, tenemos la osadía, de elegir amar sin medida?
Corazones rotos, lágrimas muertas, vacío, soledad... ¿pero, no es de difuntos corazones que manan las más hermosas letras, esas capaces de rasgar las cuerdas del espíritu, de cantar en susurros, la pena que hace sentir viva el alma, cuando se da por perdida una vez más?
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Mi corazón teñido de agonía, no encuentra consuelo en estás paredes desbordando amargura, mi poesía, mis escritos enfermos de nostalgia, buscando una señal para seguir en medio de las cenizas del desamor.