El camino de las luces
La habitación está sumida en una penumbra tenue, con cortinas corridas que apenas dejan pasar la luz del día. El desorden es evidente: ropa esparcida, platos vacíos, y el aire parece pesado, estancado.
DANTE , con el pelo revuelto y ojeras marcadas, yace en el suelo, apoyado contra la cama. Su mirada está fija en la pantalla de su celular, desplazándose lentamente entre fotos que parecían recordarle algo que el se negaba a olvidar. Su expresión es una mezcla de melancolía y resignación, un amargor silencioso que se ha vuelto su compañero constante. Ha pasado días, quizás semanas, en este estado.