Hay heridas que no se ven, pero duelen toda la vida.
Esta es la voz de una niña rota, escrita por la mujer en la que se convirtió.
Testimonio sin filtros, donde el tiempo no sana, pero tampoco se detiene.
Entre recuerdos, silencio y lágrimas, estas páginas gritan lo que nunca pudo decir.
Porque a veces escribir es la única forma de no olvidar... y de seguir.
Todos los derechos reservados