En la playa de Vía Cristal, donde el mar es tan transparente que parece no tener secretos, el tiempo se detiene para Lucas y Olivia. Tras una larga espera, el reencuentro se siente como un sueño del que ninguno quiere despertar. Entre risas compartidas y el brillo de una luna que hoy no luce solitaria, los susurros del corazón finalmente encuentran voz:
-Te extrañé, Mon lune-confiesa él, buscando en ella su luz en la oscuridad
-Te extrañé, Mon moitie-responde ella, reconociendo en él la otra mitad de su alma.
La línea entre la vida y la muerte se desvanece a las 11:45 de la noche, dejando una pregunta en el aire: ¿fue aquel encuentro un milagro, o la última despedida de un alma que se negaba a marchar sin decir adiós?
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