- Es como bailar en la oscuridad, sin nadie que te vea. Sola –Susurré con la mirada perdida en el lago.
- Pues permíteme bailar contigo –Dijo él posando su mano sobre la mía.
Uno siempre ve lo que quiere ver, en este caso, eso me incluye a mi, con él frente a mi, imponente, alto y con esa sonrisa ladeada
- ¿Qué harás?
- No lo sé... - susurró, su figura imponente me intimida
- Pues... - jalo el cuello de su camisa y pegó mis labios a los suyos, un suspiro de anhelo sale de sus labios, como si llevara esperanto esto hace tiempo
- Te voy a extrañar...