Siempre me hice dos preguntas importantes:
¿Cuántas personas tienen que irse antes de que aprendamos a decir adiós?
¿Cuántas veces deben rompernos el corazón para entender lo que realmente duele?
Dicen que tener el corazón roto es como llevar una costilla fracturada: nadie puede verlo, pero cada respiración recuerda que el dolor sigue ahí.
Así vive aquella persona que, en medio de madrugadas interminables, lucha contra el insomnio y los recuerdos que se niegan a desaparecer. Porque cuando el mundo guarda silencio, su corazón vuelve a escribir lo que nunca pudo decir.
Palabras llenas de amor, rabia, nostalgia y despedidas que jamás llegaron a su destino.
Cartas para alguien que existió...
pero que nunca estuvo cuando más lo necesitó.
Porque a veces el amor no se termina.
Solo se convierte en silencio.
Y en esas páginas vive una sola pregunta:
¿Acaso sabes cómo se siente un corazón roto?
...
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