Me gustan los cuervos. Siempre añoré su presencia en mi vida.
Quizás fue un desorden mental, una necesidad de afecto o una simple distracción la razón por la cual me terminé convirtiendo en su alimento.
No importa, te lo prometo, todos pagamos un precio por la compañía de alguien. Mi precio es mi corazón, pues ellos se alimentan de él.
Todos salimos ganando, es una perfecta simbiosis.
Sin embargo... después de todo, me sigo sintiendo sola.
All Rights Reserved