Cassiopeia Flint tiene muy claro lo que quiere: el Quidditch, su equipo y salir de Hogwarts con la copa en la mano.
Oliver Wood lleva seis años interponiéndose en los tres.
Arrogante, competitivo y con una habilidad innata para sacarla de quicio, el capitán de Gryffindor ha sido el obstáculo constante en el camino de Cassie: en el campo, en los pasillos y especialmente cuando se mete con Marcus, que es la forma más rápida de ganarse su enemistad permanente. Cassie, que no se ha quedado corta en ningún sentido, le ha devuelto cada provocación con intereses.
Seis años de rivalidad. De pullas, de encontronazos, de odio.
Pero este año las cosas son distintas. Cassie lleva el brazalete de capitana de Slytherin, lo que significa que ya no solo son enemigos en los pasillos: ahora se enfrentan directamente, en igualdad de condiciones, con la copa entre los dos, su último año.
El problema es que cuanto más tiempo pasa mirándolo a la cara, menos desagradable le parece esa cara.
Cuando la línea entre el odio y otra cosa empieza a difuminarse, los dos toman la misma decisión: ignorarlo. Ponerle normas. Llamarlo de otra manera.
Encuentros casuales. Solo para desahogarse. Nada más.
El problema es que "nada más" es mucho más difícil de mantener de lo que parece. Especialmente cuando tu corazón ha decidido, sin consultarte, que quiere algo que se supone que no puedes tener.
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