Al principio solo es una suave presión en el pecho, alguna que otra respiración más dificultosa, pero nada de lo que preocuparse. Después de todo, aún conserva la esperanza de que todo vuelva a ser como antes bullendo en su inocencia aún enamorada.
Sin embargo, el vómito de pétalos no cesa, la sensación de asfixia lo altera y la opresión en el pecho es mayor que nunca, y nada se detiene por mucho que Lucerys lo intente. Pero el inocente Lucerys de corazón enamorado, de raíces en los pulmones, de pétalos de dalias negras se niega a decir quién lo causa.
Al final, sonríe por darse cuenta que de una u otra forma, Aemond estaba destinado a acabar con su vida, y Lucerys cree que está bien. La deuda ha sido pagada, con su vida y su corazón.
Aemond piensa que puede convertirse en el nuevo señor de las mareas casándose con Lucerys, pero se llevará una gran sorpresa.
Lucerys desea complacer a su abuelo, pero casarse con Aemond no es su deseo y está seguro de que su tío lo aborrece, pero su madre dió su palabra y el no le fallaría.
Jacaerys y Aegon fueron los más agradecidos con el arreglo que hizo Viserys para ellos, pero sabían que sus hermanos no estaban felices y ellos harían todo lo posible para ayudarlos a que se enamoren.