53 partes Concluida Los guardias se movieron rápido, como perros entrenados.
-El señor Uchiha no recibe visitas.
-Mi hija está adentro -escupí.
-No hay ninguna niña aquí.
Mentira.
Tan obvia que me ardió la garganta.
Yo iba a gritar, pero entonces...
Un sonido.
Un cristal quebrándose adentro.
Una voz pequeña
Era mi hija y estaba aterrada
-¡No, papá...!
Mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro.
El coraje me incendió los huesos.
Empujé al primer guardia con todo lo que tenía.
El segundo intentó sujetarme, pero lo solté de un tirón que no sabía que aún tenía fuerza para hacer.
Corrí.
Entré.
Escalera arriba.
Cada escalón un latido que me desgarraba por dentro.
Llegue a la puerta de nuestra alcoba, esa maldita puerta, esa que había aprendido a odiar con el alma.
La abrí de golpe.
Y ahí estaba.
Madara, de pie junto a la cama.
Mi pequeña niña sobre ella, con los lentes torcidos, el rostro pálido y el uniforme desordenado
Sus manos pequeñas temblaban intentado limpiar la sangre que salia de su nariz
Madara giró hacia mí...
con esa sonrisa lenta, arrogante, enferma.
La habitación se me vino encima.
Y entendí sin que nadie me lo dijera que...
Esto no era una visita.
No era mas cariño fingido
No quería solo asustarme
Esto era el inicio de algo mucho peor