Ella no es solo una gema. Ni solo humana. Es hija de la legendaria Diamante Verde y de un humano con el alma más noble que pisó la Tierra. Como Steven, nació de un amor imposible... y sin embargo, tan real que dio vida a lo más perfecto que el universo podría imaginar: una niña con el corazón más brillante del cosmos. Lizzy, la niña de los ojos color mar. De sonrisa tierna y alma infinita. Preciosa en cuerpo y alma, con una belleza que no nace de la vanidad, sino de su bondad inquebrantable. Es una obra de arte viva. Una chispa pura de esperanza. Dueña de dones únicos, heredados de su madre: Puede sanar con su luz, mover las aguas con su hidrokinesis, comunicarse con la naturaleza y con los animales. Todo en ella vibra con amor. Con vida. Es el significado mismo del bien. La personificación del amor. El corazón más grande del universo. Y desde el primer día que Steven la vio, todo en él cambió.
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