La vida es frágil, en instantes puede romperse, las fuerzas y la energía propia se va a agotando poco a poco hasta que el momento en el que no queda ni siquiera el soplo de lo que antes se era.
Las sonrisas faltan, el brillo en los ojos se opaca demostrando cansancio y las emociones se vuelven nulas.
Solo que, en esa ocasión, la de él, nadie pareció darse cuenta.
Porque los motivos que lo llevaron a eso...
Él lo sabe, si es sincero consigo mismo, realmente, que no hubo motivo alguno. Él lo sabe. Lo tuvo tan claro como el color favorito de su madre, lo pleno que se sentía al lado de la persona que todos le decían era la equivocada por no encajar en sus estereotipos de pareja, y tan simple como las sonrisas sinceras de sus hermanos cada sábado que cocinaban postres juntos.
Pero lo sabía, fue su decisión.
Y para cuando quiso retractarse, desafortunadamente, fue demasiado tarde.
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