¿Alguna vez se han enamorado sin tocar? ¿Han llegado a estar completa e irrevocablemente perdidos en un amor de humo?
¿Creen que sea posible atravesar los límites personales e imponer un camino directo a través de una tela en nombre del amor?
Para Elara la respuesta siempre fue un rotundo no, su vida era un guion estricto de reglas, silencios y distancia autoimpuesta. Había construido un muro infranqueable de secretos y miedos a ser vista, a ser sentida. Su ventana al mundo era solo una cortina de lino blanco, un velo que la mantenia preza en la crudeza y de crisis que la arropaban cada noche.
Pero un día, un accidenal choque se redujo al sonido de una guitarra y una voz rota que llegaba del otro lado de esa tela. Kai era arte, era caos y era la melodía que ella nunca se atrevió a tararear. Él no la conocía. Ella no podía verlo. Solo se tenían a través de susurros emocionales no compartidos, confidencias nocturnas y una barrera tangible que se convirtió en su único punto de encuentro.
¿Qué sucede cuando la única persona que te ve de verdad es a quien no puedes mirar a los ojos?
Ella es el secreto. Él es el que promete descubrirlo.