Estaba solo, sentado en aquella alejada banca con la mirada perdida en aquel infinito horizonte mientras su mente vagaba por aquellos recuerdos tan lindos y a la vez tan dolorosos. A aquella vida que una vez tuvo y que se esfumo tan rápido que no lo vio venir y que ahora después de 4 años todavía anhela.
Su mirada siempre estaba opaca, sin vida pareciendo más un muerto andante que un persona en sí y aunque para las personas que no conocen su pasado suene exagerado para Kim Sunggyu su vida había termina aquel frió invierno en el que cometió el estúpido error de aceptar aquella llamada. Estaba roto, su corazón había dejado de latir hace tanto tiempo que ahora no sabía cómo hacerlo funcionar.
Se veía triste, cansado, frágil, resignado y sobre todo roto. Así era como las personas describían a Sunggyu a simple vista y también era lo que murmuraban a su paso. Pero eso no le molestaba ya que era lo que él veía al espejo todos los días y si era sincero ya se había acostumbrado a ello. De hecho muy pocas cosas le importaban y por ello pensaba vivir el resto de sus días solo ya que estaba acostumbrado a esa vieja amiga llamada soledad.
Y es que para Kim Sunggyu estaba todo resuelto, el viviría el tiempo suficiente hasta poder pagar el préstamo del banco, saldar todas sus deudas y dejar todas sus pertenecías a nombre de su madre para que ella no tenga que lidiar con sus desastres y una vez hecho acabar con todo su sufrimiento.
Una verdadera lástima que Nam Woohyun no pensara lo mismo. Ya que aunque para el resto Kim Sunggyu solo fuera un pobre chico desafortunado, para Woohyun él era lo más hermoso que sus ojos hayan visto jamás y estaba dispuesto a conquistarlo como diera lugar. Y si tenía algo a su favor era que el jamás se rinde y siempre consigue lo que quiere y ese hermoso chico de ojos pequeños no sería la excepción.
Nam Woohyun jamás pensó que algo así podría suceder, ni siquiera en sus peores pesadillas. Su madre siempre le decía: "Hijo, en el amor no hay libre albedrío; nadie puede elegir de quién enamorarse". Él habría aceptado esta verdad con gusto si se hubiera enamorado de la chica de sus sueños: esa con el cabello corto, el cuerpo esbelto y los ojos grandes y profundos.
Pero no, el destino tenía otros planes. Woohyun se había enamorado, o al menos eso pensaba, pero no de la chica idealizada, sino de su gruñón, envejecido, quejumbroso e inmaduro compañero de grupo, que además era su mejor amigo: Kim Sunggyu.
"Enamorarse es amar las coincidencias y amar es enamorarse de las diferencias"