El día en que las amapolas florezcan

El día en que las amapolas florezcan

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Jan 22, 2024
Para Sade las amapolas nunca fueron algo circunstancial en su vida. Sade odiaba a Chris, quien pese ser el ex de su mejor amiga sentía algo por ella. Lo que nadie sabía era que el motivo por el que Sade lo detestaba era que estaba enamorada de su mejor amiga. Sin embargo, después de ese día todo cambió. Chris y Sade se encontraron en el funeral de Runa, la ex de Chris y la mejor amiga de Sade. Pero, ¿qué sucede cuando los secretos del pasado se ocultan por demasiado tiempo y pasan a formar parte de un tormentoso presente? El presente, el pasado y el futuro cegaban a Sade y sus emociones, buscando solo una cosa: venganza por aquellos que la dañaron. Eran tal para cual. Para Sade, Chris era tan importante porque fue la primera persona que la amó de verdad. Y para Chris, Sade era tan importante porque fue la primera persona a la que amó de verdad.
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se conocieron desde niños. No como amigos de la infancia, sino como vecinos que se toleraban a distancia. la suya no fue amistad de juegos compartidos ni risas inocentes; fue más bien una guerra fría de miradas cruzadas y palabras afiladas. Eran diferentes, y eso siempre fue evidente. El fingía ser rebelde, pero era solo un acto. Peleaba, aunque no supiera como, ganaba aunque siempre saliera herido. Se inventaba historias para atraer a los demás, coleccionando amistades vacías que aplaudían sus farsas. Era una máscara con patas, un chico que gritaba en silencio por atención, sin que nadie notara la grieta en su sonrisa. Ahora, el mundo le exige madurar: crecer, enamorarse, odiar de verdad... o aprender, por fin, a estar solo sin sentirse vacío. Ella, en cambio, era libre. Libre como el viento que no se deja atrapar. Ni su madre podía frenarla. Probaba de todo, lo hacía bien, y luego se aburria; no porque fallara, sino porque nada lograba retenerla. Era autentica, sin filtros, sin mascaras. Vivía sin necesitar ser vista. Y eso, precisamente eso, era lo que más lo desconcentraba a él. no era la diferencia entre ellos lo que lo perturbaba... Era su autenticidad. Su forma de ser sin esconderse, sin maquillarse el alma. Porque, en el fondo, él nunca supo ser real. Justo cuando creyeron que ya lo sabían todo el uno del otro, la vida les cambio el juego.

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