Había una vez una chica llamada Valentina, una joven apasionada y llena de vida que llevaba cinco años de relación con su novio, Andrés. Valentina se volvió más susceptible y desconfiada, repasando constantemente el celular de Andrés en busca de signos de infidelidad. Las discusiones se convirtieron en algo cotidiano, y su amor se vio eclipsado por la inseguridad y la falta de paz.
Andrés, al darse cuenta del dolor que había causado, aceptó de inmediato.
A lo largo de las sesiones de terapia, Valentina y Andrés aprendieron a expresar sus miedos y preocupaciones de manera saludable.
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