
El salto fue espectacular, sin saber que justo en aquel momento, me había partido en dos. Mi otro yo se había quedado allí, en la cima, viendo cómo caía, viendo en lo que me había convertido: un cuerpo que había perdido el alma por tratar de perseguir una calma que no existía en ningún otro lugar que no fuera su propia imaginación.All Rights Reserved