Hay asesinos que matan por impulso, por poder o por pura maldad. Y luego está el Verdugo. Él mata por devoción. Convierte sus crímenes en una obra de arte macabra y el tablero de juego en un laberinto mental donde cada pista es un acertijo directo hacia el infierno. El Verdugo quiere destruirnos desde adentro. Quiere que la paranoia nos consuma y que el miedo nos obligue a dar un paso en falso. Sabe perfectamente que en su juego un solo error se paga con sangre. Cuando las cartas de un psicópata te obligan a elegir entre resolver el caso de tu vida o salvar al único hombre capaz de bajar al mismísimo infierno para rescatarte... ¿Realmente puedes ganar un juego mental si el asesino ya descubrió cuál es tu mayor debilidad?
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