La peor de las decisiones, fue como si el destino mismo me desafiara, obligándome a elegir entre dos caminos inciertos.
En medio de esta tormenta interna, me encontré mirando hacia atrás, buscando una señal de apoyo, sabiendo que tú, nunca habrías hecho lo mismo.
Aunque mi corazón se resistía a aceptar la realidad, entendí que no podía culparte por tus acciones. Cada uno de nosotros lleva consigo una carga única, moldeada por nuestras experiencias y circunstancias.
En tu caso, tal vez las circunstancias fueron implacables, guiándote hacia un camino que no deseabas transitar.
O tal vez sí.
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