INTRODUCCIÓN Yo creía en el amor. No en el de mis padres, ni en el de los cuentos que terminan bien. Sino en ese que aparece entre líneas, el que se esconde en los silencios de un libro que duele bonito. Amor con inicial mayúscula. De esos que no se dicen, se sienten. De esos que se cuelan entre los huesos y hacen eco cuando uno está solo. Siempre pensé que las palabras podían salvarme. Y por mucho tiempo, lo hicieron. Me vestí con metáforas, me cubrí de versos. Me convertí en una historia antes de ser alguien. Y aunque nadie lo supiera, yo también esperaba ser leída alguna vez. Con cuidado. Con pausa. Con los ojos de quien entiende lo que no se dice. Hay personas que se enamoran de otros seres humanos. Yo me enamoré de ideas. De finales felices. De promesas que solo vivían en el papel. Pero la vida no siempre se escribe con tinta. A veces, se escribe con heridas. Esto no es un cuento de hadas. Ni una historia de amor. Es apenas un susurro entre páginas rotas. Una voz que se atrevió a seguir hablando, aunque ya nadie estuviera escuchando. Y si alguna vez decides abrir este libro... hazlo con las manos limpias. Yo ya vine rota.
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