Cabeza de merodeador,
ojos de espectador,
boca de quien destruye
y un cuerpo...
que se siente vómito.
Debí pensar como adulto,
aunque apenas tengo ocho.
Mi piel parece de dieciocho,
pero aún duermo
abrazado a mis juguetes.
Juego... y me abusan.
Sueño... y me despiertan.
Respiro... pero me culpo.
Debo hablar con un adulto,
aunque todos digan
que ya lo soy.
Tal vez pedir ayuda
no sea traición,
aunque mi voz tiemble
y mi culpa grite.
Me gusta escribir experiencias,
aunque duelan,
aunque me hagan sentir
como un error decorado,
como un estorbo...
magnífica