Recuerdos de Noah

Recuerdos de Noah

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Jan 23, 2017
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Fiction
Romance
Aún recuerdo a Noah como si nunca se hubiera ido sus ojos color sol que iluminaban todo al abrirlos, con largas pestañas rubias y una sombra más arriba que daba valor a su rostro. Su cabello castaño, que cubriéndole parte de su pequeña frente. Su nariz pinochada como actor de telenovela, su boca carnosa, rica como vivir y su sonrisa que aun con su diminuta cicatriz era más fresca de todas las fuentes y que dejaba al descubierto su nube dentadura. Su tamaño in usualmente alto y su cuerpo tan delgado que mis brazos daban la vuelta al abrazar su cintura. . Su cara redonda como la luna, donde vivían diminutas pecas que eran adornos en albor de navidad. Hasta esas Orejas pequeñas que cualquiera disfrutaría morder. Recuerdo sus manos que son como la seda, sus uñas siempre expresando naturalidad. Sus piernas largas capaces de cruzar océanos, sus lunares que convertían su cuerpo en mapa. En fin lo recuerdo todo, desde el sonido infinito de su voz, hasta la ultima la fotografía en su pupila.
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Había escuchado que la sangre llama, pero, ¿Qué hay del corazón? Ella era una mujer que invocaba casi a gritos, que imponía a pesar de su carácter maternal y dócil con sus subordinados, con la mayoría de personas que la rodeaban en realidad. Su piel blanca, su cabello rojo, largo y abundante cayendo en coleta o trenza por su espalda, susurraba que lo tocasen, que lo conociesen. Toda ella lo hacía. Incitaba a caer viciada en su profundidad, aunque de forma serena. Y yo, que ahora me daba cuenta que me distinguía tan poco, que había explorado tan poco de mí por estar tratando de huir de un pasado manchado, del que me recriminaba cada que podía; me dejé caer irremediablemente en su red. Por más que intentase lo contrario sucumbí a ese magnetismo que tejía sin darse por enterada a mí alrededor. Me fue imposible buscar una salida, un lugar para esconderme cuando sus hermosos ojos que le hacían honor a su nombre -sobre todo en días de verano- me enviaban a volar alto, me dejaban ver, desde la tierra el más hermoso cielo. Quizá su magia era que no poseía uno, más bien, poseía mil: divinos, fugaces, coléricos, vivaces. Yo llegué a querer conocerlos todos y por qué no, perderme en cada uno de ellos.

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