Abril se encontraba entrando por el vestíbulo iluminado por luces colgadas desde el techo de su nueva escuela, el internado San Gregorio de la Paz. Una mujer delgada y de mejillas sonrosadas, ya estaba dando instrucciones, lo cual dejó a Abril algo incómoda.
-Este internado fue construido en 1985 por la familia Clarkson.- Les espetó a un grupo de tres estudiantes que estaban de espalda a Abril.- Si siguen las reglas básicas, estarán a salvo.
Abril no perdió más el tiempo y se unió al grupo, traia con ella una carpeta de color negro en la mano izquierda donde dentro estaban todos los papeles que le habia pedido y con la mano derecha arrastraba su maleta.
Los padres de Abril habían muerto en un accidente donde solo había quedado la joven viva, por lo que quedó al cuidado del estado, decidiendo ellos que bajo las circunstancias del accidente lo mejor para la joven era ingresar al internado- reformatorio.
—Eh…perdone, pero ¿podría repetir lo que ha dicho antes?- Le pidió a la mujer—. ¿eso de reglas básicas?
—Vaya, miren quien acaba de llegar— Dijo en voz alta la mujer, y luego repitió lentamente— Recetas, si necesitas tomar medicación.
—Vale, entendido. —-Recetas.
Miró de reojo a los tres alumnos que estábamos en el semicírculo alrededor de la mujer, había dos chicos y una chica a mi lado, esta última cumplia el estereotipo de la chica rubia y guapa, como las modelos de los cosméticos y con uñas pintadas de rosa a juego con su carpeta plástica.
—Soy Zivette— dijo la rubia con una gran sonrisa.
A mi derecha había un chico de pelo castaño y un poco largo, ojos verdes y su mandíbula estaba bien definida, estaba concentrado mirando el suelo.
El que tenía a mi izquierda, en cambio, era rubio castaño, alto y delgado, llevaba una chaqueta de cuero negra, ojos de color miel, unos labios carnosos y rosados por lo que la mayoria de las chicas matarian por besar.
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