Tristeza.
No había otro sentimiento más que tristeza. Porque era realmente irónica la vida, que, en el preciso momento en que ambos decidieron dejar de lado sus diferencias, se estaban muriendo.
"Entonces... dices que te llamas Atsushi, ¿cierto?"
"Así es como dicen que me llamo, sip".
"Un gusto Atsushi, me llamo Ryūnosuke".
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