
«El hecho de dibujar su rostro con mis manos me erizaba la piel , sentía emociones que querían ser descubiertas, dragones en el estómago, fatiga al ver su sonrisa, pero solo tenía que pintar sus pecas y sus ojos verdes para darme cuenta de lo que sentía por ella.» Kyleigh vivía en las letras de las canciones de Taylor Swift, en los libros de romance y de mitología, y en su casa obviamente, donde no faltaban las risas, pero sobraban las quejas de su mamá. Tenía sus metas planeadas: donde se iba a casar, en que país iba a vivir, como iban a llamarse sus hijos, con quien iba a casarse (spoiler: está obsesionada con Nicholas Galitzine ). Y como no, le salió el tiro por la culata cuando se levantó a las 2 am y vió a su "primo" sin camisa. Por otro lado, Rhys adoraba montar su moto y joder a su hermana, ese era su día a día y aunque no andaba en cosas ilegales siempre conservaba su mala fama en la escuela ya que solía saltarse los turnos para ir a jugar basket, o simplemente porque quería, aunque siempre quiso mentalizarse de que era por su forma de vestir. Él y su hermana después de varios años que habían pasado decidieron volver a New York, donde tenían parte de su familia, pero con lo que menos se esperó encontrar fue a la inspiración de sus pinturas, las cuales no había tocado en años. Y aunque al principio era odio, término siendo peor (pero de la buena manera)Tutti i diritti riservati
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