Salir con Bocchi no es como en los animes románticos. No hay fuegos artificiales todos los días, ni declaraciones épicas. A veces, lo más emocionante que pasa es que logra mirarme a los ojos durante tres segundos seguidos... y aun así, juro que el corazón me late como si estuviera en un concierto. Ser el novio de Hitori Gotoh -sí, Bocchi la rockera tímida- significa aprender a escuchar silencios, entender sonrisas pequeñas y acompañarla mientras crece, nota tras nota. Entre ensayos, cafés torpes y mensajes llenos de puntos suspensivos, vamos aprendiendo a querernos a nuestro ritmo. No somos la pareja más habladora, pero cada vez que ella toca la guitarra, siento que me dice "te quiero" de la forma más sincera del mundo.
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