La ciudad de Bàlansi tenía tantas capas como una cebolla. En la superficie, a simple vista, era una ciudad brillante, la tercera más grande del país, que invitaba a todo aquel que la visitara a adentrarse por sus distritos y calles.
Pero bien es cierto aquello que dicen que no es oro todo lo que reluce. Ya que bajo la superficie, en las capas más alejadas de la superficie de la ciudad los secretos, la corrupción y la tenue tregua entre los diferentes Sindicatos se empezaba a resquebrajar como una grieta en un cristal.
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