Fumble En El Corazón
El vidrio no hizo ruido al romperse.
O al menos, Hannah nunca pudo recordarlo.
Lo único que permaneció fue la sensación... ese instante extraño en el que todo se volvió lento, como si el mundo contuviera la respiración. El agua suspendida en el aire, la luz danzando en las paredes del acuario, y su mano extendiéndose hacia alguien más.
Chiharu.
Hannah no pensó. Nunca lo hacía cuando se trataba de proteger a quienes amaba. Fue algo natural, como correr en la pista de la academia St. Alderwyn, donde cada paso suyo había sido ligero y prometedor. Porque Hannah tenía un sueño, y lo estaba alcanzando.
Y entonces llegó el impacto.
El peso.
El silencio.
Su tobillo quedó atrapado entre los restos, el agua fría rozando su piel, y una sensación distinta creciendo en su pecho... no exactamente dolor, sino algo más profundo, más callado.
No lloró. No cuando las voces llegaron, ni cuando su cuerpo ya no respondió igual, ni siquiera cuando entendió que algo había cambiado.
Porque Hannah siempre había sido así: suave, pero firme, luminosa incluso en los días nublados.
Pero correr... ya no era igual.
Días después, la academia seguía ahí. Londres seguía igual. Sus amigos también. Solo que ahora ella miraba la pista desde fuera.
Aprendió a sonreír, a asentir cuando hablaban de recuperación, de tiempo. Tal vez.
Pero nadie le explicó lo que era quedarse quieta cuando todo dentro de ti quiere avanzar.
Entonces llegó la llamada.
Un apellido que no usaba. Elowen.
Una voz firme. Steve Elowen, su tío, head coach de los Patriots.
Una puerta inesperada.
Estados Unidos.
Un nuevo comienzo.
Hannah no sabía si los comienzos podían nacer de algo que aún dolía, pero aun así dijo que sí. Porque incluso cuando el corazón tropieza, todavía existen otras maneras de permanecer en el juego.
Lo que no sabía...era que ese nuevo camino la llevaría a alguien que nunca dejaba caer el balón.
Noah Blackford el Quarteback de los New England P