- padres, no quiero seguir estudiando es...
- No digas estupideces niña, tienes que estudiar esgrima, ya casi eres la mejor, ya casi nos sacas de la pobreza.
- Pero...
- Tu padre tiene razón niña; si logras ganar dos campeonatos más, nos sacaras de esta pocilga y seremos famosos...
- Yo ni siquiera quise estudiar esto, ustedes - una fuerte bofetada acalla las quejas de la adolescente, quien nada más se soba y baja la cabeza resignada a seguir discutiendo.
- Eres una insolente, te di la vida para que me sacaras de aquí de un modo u otro, ¿¡y así me pagas!?
- Jamás les pedí traerme. - esta vez la bofetada vino de su padre, quien, no conformándose con eso, la toma del cabello y la arrastra a la habitación, donde la encierra con una espada para que siga entrenando con el muñeco de plástico en medio del cuarto.
- De aquí no saldrás hasta que tus manos sangren, ¿¡me entendiste!? - grita su padre azotando la puerta y dirigiéndose a la sala a seguir bebiendo junto a su esposa.
<Para esa razón deberían matarme>, piensa la adolescente mientras toma la espada y comienza a entrenar levantando al muñeco cada vez que se cae.
A la hora de la cena, la puerta del cuarto de la adolescente chirrea al abrirse y de esta se asoma la cabeza de su madre, quien al no verle las manos sangrando, frunce las cejas y con una mueca de decepción vuelve a cerrar de golpe la puerta yendo a informarle a su esposo, quien no tarda en subir con correa en mano para empezar a golpearla hasta llevarla a la oscuridad.