Cuando era niña, Sarah siempre había soñado con explorar nuevas culturas y abrazar el mundo más allá de su pequeña ciudad. Su pasión por la lengua y la cultura surcoreana la llevó a solicitar una beca para estudiar en el extranjero. Para su sorpresa, recibió la noticia de que había sido seleccionada para recibir la beca, lo que le otorgaba la oportunidad de continuar sus estudios en Corea del Sur. La emoción y el nerviosismo se entrelazaron cuando Sarah se embarcó en su viaje a un país lleno de imágenes, sonidos y costumbres desconocidas. No sabía que esta aventura no sólo ampliaría sus conocimientos sino que también le presentaría a un joven que cambiaría su vida de una manera que nunca imaginó.
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