LA GENTE DE LA COLINA
[El aliento abandonó mi ser al contemplar la forma de la desdicha en todo su esplendor. Parecía iluminar la sala entera con su sola presencia, las lanzas doradas que salían desde detrás de su cabeza perforaban mi alma y corazón hasta lo más profundo y la hacían resplandecer sobre el trono de huesos que se extendía en lo alto hasta perderse y, llorando lágrimas de sangre, daba a luz a una aberración].