Si con el fin en tu rostro iluminaras un monstruo, una compañia para tu agonía. El dolor en tu alma, de un cuerpo cansado, la muerte se acerca por tu propia mano...
Pensé que te vería de nuevo, con un trago o dos en la mano, con una flor en el saco haciendo juego con la mía, pero ahora estás cubierto de rosas, y ni siquiera son las que te gustan.