
Casi nadie supo de ella, y a casi nadie le preocupa; hoy, solo queda de su ser el suspiro viejo de una historia, la brisa nostálgica de un recuerdo, o, quizás, las palabras impresas con llanto de lo que una vez fue su espíritu. El alma pulcra de La Isla, se impregna todavía en aquel que, sea por la causa que fuere, choca irremediable con ella. Leí por casualidad sus líneas, bebí por casualidad historia, conocí por casualidad su gente y terminé, por consecuencia, delirantemente obsesionado. Hoy escribo estas crónicas como buen victimario, para sentenciar la vida de quién ose leer sus líneas, beber su historia, conocer a su gente; y delirantemente obsesionarse.All Rights Reserved
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