El Magnate©

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Nov 3, 2025
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Fiction
Romance
Subo las escaleras con una cólera mucho más grande que yo, este imbécil me las pagará, me paro justo frente a la puerta y con la mano hecha puño golpeó la puerta totalmente furiosa. Se abre la puerta y me abre uno de esos idiotas trageados, le pasó por un lado para entrar al pasillo del despacho. -Señora Lombardi, lo siento pero no puedo permitirle el acceso-Dice el estúpido trageado mirándome desde mi posición. Sin pensarlo dos veces lo tomo del cuello de la camisa y lo atraigo a mi rostro de manera rápida, saco mi cuchillo de mi bota y lo posicionó justo en su carótida. -Me importa un culo si el gran Magnate no me puede recibir, pero en estos momentos la vida de mi hija está en juego, así que si sigue deteniéndome no lo pensaré ni dos veces para cortarte el cuello, así que no estorbes-Digo empujándolo haciendo que choque con el umbral de la puerta lo veo tragar grueso y le sonrió de una manera oscura antes de seguir con mi camino al despacho de ese hombre.
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Desde que el día comenzó, Lando Norris sintió que algo andaba mal. Nadie le había mandado un mensaje. Ningún "feliz cumpleaños", ni una llamada, ni siquiera un simple emoji. Y eso que Oscar, su pareja, era siempre el primero en abrazarlo apenas daban las 12. Pero hoy, nada. Durante el día, los chicos pasaban junto a él en el paddock, evitaban su mirada, hablaban entre ellos en susurros y hasta se reían cuando él se acercaba. Incluso Max, George y Charles, quienes siempre estaban encima de él para cualquier cosa, lo ignoraban como si no existiera. Lando intentó convencerse de que era su imaginación. Tal vez estaban ocupados. Tal vez algo pasaba que él no sabía... Pero al llegar la tarde, sin un solo abrazo ni rastro de cariño, se rindió. Se encerró en su motorhome, apagó su teléfono y simplemente se acurrucó en la cama, abrazando a su peluche favorito con los ojos llenos de lágrimas. Lo que Lando no sabía... era que los pilotos habían estado organizando todo a escondidas. Oscar, con ayuda de los demás, le había preparado una fiesta sorpresa en el jardín de la villa. Había globos, luces, su pastel favorito, una pancarta enorme que decía "Feliz cumpleaños al solcito de la parrilla", e incluso... ¡una fusta personalizada con su nombre grabado en dorado! Porque sí, Oscar conocía a su Omega, y sabía exactamente lo que le haría sonrojarse hasta las orejas. Todo estaba listo. Sólo faltaba él. -¿Ya le escribiste? -preguntó Charles mientras decoraba las mesas. -Le mandé diez mensajes -dijo Oscar, preocupado-. No responde. Voy a llamarlo.

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