La casa siempre fue suya...
incluso antes de nacer.
Ayla soñó con vivir en ella toda su vida.
Pero nunca imagino que la casa también la estaba esperando.
Sombras que la llaman por su nombre.
Maños que la tocan en la obscuridad.
Y presencias que no quieren asustarla...
Quieren poseerla.
Entre el miedo y el deseo, Ayla tendrá que decidir:
Huir...
O rendirse ante aquello que la reclama.
Porque algunos amores no mueren...
Solo esperan a que regreses a ellos.
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